jueves, 29 de enero de 2009

Tengo muchas dudas en mi cabeza que me torturan en noches como ésta. Estar sola me hace bien, me aclara las ideas. Pero no puedo dejar de preguntarme cómo estarás, si seguirás en Córdoba, si me extrañás o ya no pensás en mí. Me pregunto qué pensás, cómo te sentís, qué sentirás. ¿Te haré falta? Creo que el hecho de no saber nada de vos me hace peor que si tuviera la dolorosa certeza de que ya no me querés. Tengo mil razones para pensarlo, pero por alguna estúpida razón no lo logro del todo. Si me quisieras un poco, me hubieras dado la oportunidad de hablar las cosas personalmente, me hubieras respetado lo suficiente como para decir las cosas que estaban mal en mi cara, aunque tuvieras que irte media hora de tu casa. Si yo aún te importara te hubieras hecho cargo de lo que sea que te pase y hubieras hablado conmigo. Ya que no hiciste nada de ésto, debe ser que ya no te importo. Pero me cuesta internalizar la dea. ¿Cómo puede ser que hayas cambiado tanto? No te mostrabas así conmigo... Eras dulce, amable y siempre me decías que no tenías problemas para decir las cosas y que ciertos temas se hablan cara a cara solamente. ¿Qué pasó entonces? Porque yo te entendí completamente cuando me dijiste, en Navidad, que no podíamos hablar las cosas en un chat. Estoy completamente de acuerdo con vos. Pero ¿qué alternativa me dejás cuando no me atendés por teléfono y no querés encontrarte conmigo? Y creo que no te faltaban razones para vernos porque, por lo visto, tenías demasiadas cosas para decirme. Yo tenía las mías, por supuesto. Es que la indiferencia que sentí desde unas semanas después de tu partida no tiene nombre. Nunca me sentí tan sola y desilusionada. O al menos no lo recuerdo. Teníamos planes, o eso pensaba yo. Yo tenía planes con vos. En todo lo que pensaba para mi futuro, vos estabas involucrado de alguna manera u otra. ¿Es ésto lo que hacés con todas? Prometés que te vas a quedar, jurás que nunca te sentiste así y que ves un futuro más que promisorio. Pero cuando se supone que más necesitás a tu pareja, te cerrás y te alejás. ¿Intentaste cansarme? Porque es obvio que lo conseguiste. Decís que estás muy mal, que tenés muchos problemas y no podés ocuparte de otra cosa. Yo lo entiendo: me ha pasado. Pero lo que más me molesta es que siento que todo es una gran excusa para no enfrentarme y decirme "ya no te quiero". No te digo que no sea difícil hacerlo. Pero uno tiene que hacerse cargo de las cosas que hace y de lo que le pasa, lo que uno siente. Y si lo que vos sentís es que te da lo mismo estar conmigo o no, tenés que decirlo. O peor: si ya no querés estar conmigo. Merezco mi respuesta; que me mires a los ojos y me digas qué sentís realmente. Eso es lo que me tiene en vilo: la duda. Porque aunque parte de mí quiera convencer a la otra mitad de que no te importa qué pase conmigo, aún necesito escucharlo de vos. Tener la certeza de que no querés estar conmigo puede ser mucho más doloroso que la duda, pero con mi dolor puedo salir adelante más fácilmente. Por el simple hecho de que no tendría ese 1% de esperanza de que todo sea momentáneo y que más tarde vas a volver. ¿Por qué he de esperar o de recibir a alguien que me despreció y me ignoró? Si me hubieran preguntado ésto hace dos años mi respuesta hubiera sido un NO rotundo. ¿Por qué sigo considerando siquiera la posibilidad de volver con vos? ¿Por qué no puedo afirmar que merezco algo mejor o diferente para mí? No sé, pero no puedo. Te extraño y en noches como ésta me invaden las ganas de llamarte y preguntarte cómo estás. Extraño al que eras cuando estabas conmigo y extraño quien yo era cuando estaba con vos. Me hacías sentir completa a pesar de la inseguridad. Siempre me fue difícil de creer que quisieras estar conmigo. Sin embargo, también me cuesta creer que ahora no quieras seguir. Es difícil asimilar que no quieras mi ayuda, que no corras a mis brazos y me dejes consolarte. Pero bueno, así las cosas, día a día intento matar las esperanzas de que vuelvas e intento convencerme de que no tengo que esperarte y, si volvieras, no tendría que aceptarte de vuelta. Doy pequeños pasos adelante que me hacen pensar un poco menos en vos. De todos modos, todo mi pesar se resume en un TE EXTRAÑO.