lunes, 22 de junio de 2009

Derechos Reales te consume la vida... y vos dejás que lo haga



Mañana rindo un oral y con suerte y viento a favor, termino una materia más… Al menos pongo buena música, che.

Vuelvo cuando tenga una idea decente o algo para decir. En unos días.

Soy yo o es poco ético agregar al ayudante de cátedra al Facebook? Bah, como si yo fuera tan ética…

miércoles, 17 de junio de 2009

Vuelve a Casa



Creo que la cancion lo dice todo.

viernes, 12 de junio de 2009

Es el fin... O el comienzo

Es difícil cerrar historias incompletas. Cuando tenía catorce años estaba enamoradísima [repito, CATORCE AÑOS] de un chico que iba a mi colegio y tenía 17. Por supuesto, respondiendo a los mandatos de la edad, me había empezado a gustar sin que siquiera mediara entre nosotros una palabra. Pero resulta que una amiga me consiguió su ICQ [díganme si no era mejor que el MSN!!] y empezamos a hablar por chat. Para mí era la gloria misma y ahí sí que lo empecé a querer con intensidad. Aunque no era una verdadera relación porque no hablábamos en el colegio, el chico en cuestión atendía a mis problemas por la pc y me tenía una paciencia infinita. La cosa es que yo estaba híper enganchada [más allá de que el chico tenia novia] y más o menos en octubre, luego de un episodio bastante raro en el que me preguntó si nosotros éramos amigos o qué, y en el que hasta escribimos un poema en conjunto por chat [¿!?!?!?!], me dejó de hablar. Sin excusas, sin razones expuestas: nunca más me hablo ni me saludó en el colegio ni nada. A pesar de que nunca había pasado nada a mi me costó horrores superar ese abandono repentino y de algún modo irracional, ya que al menos me podría haber dicho “nena, me enteré que estas atrás mío, no te quiero dirigir más la palabra” o algo similar. En noviembre egresó y después de esporádicas veces que vino a la puerta de la escuela a buscar a su novia no lo vi nunca más. Como decía, me costó mucho superar el abandono porque yo había depositado en el muchísima confianza, si no toda, porque más allá de que me gustara le contaba cosas que no le había podido contar a nadie y porque después de todo me daba por las pelotas que no me hubiera dicho nada. Bueno, años después me encontré en una situación similar, pero peor. Primero porque esta vez era una relación en serio en la que yo había puesto todas mis fichas en muy poco tiempo [probablemente, mi peor error]. Porque la distancia nos venció, porque yo di más de lo que tenía y podía y no recibí más que rechazo a cambio, porque me dijeron mentiras y yo cerré los ojos y moví la cabeza para creerlas mientras sabía que estaba tragando sapos. Yo, qué quieren que les diga, funciono de una manera simple: digo las cosas de frente y necesito cerrar mis historias CARA A CARA. Aunque no se diga nada: los gestos hablan por sí solos y yo me siento mejor así. Mi cierre es ese, el último encuentro, por decirlo de algún modo. Aunque ya haya pasado demasiada agua bajo el puente, yo necesito ver que realmente mis células ya no responden a ese estímulo. Y era todo lo que necesitaba para dejar de sufrir, de esperar en vano, de creer mentiras de las cuales yo conocía la verdadera naturaleza. Hoy puedo decir que obtuve mi cierre, me comprobé a mi misma que siete meses son mucho tiempo y que al final, no estoy taaaaaaan loca como yo pensaba. Estoy loca porque idealizo mucho a las personas, es cierto, pero no lo estoy loca porque cuando tengo algo que no me gusta frente a mis ojos, ahí sí lo puedo distinguir y rechazar solita. Aunque haya pasado meses aferrada a un recuerdo que ya no existe. Ya me había pasado, no sé por qué soy así, pero por eso yo sabía que lo mejor iba a ser enfrentarme con la realidad, por eso insistía tanto. Algo me conozco después de todo. Así que hola, día 1 de mi nuevo comienzo… Acá estamos una vez más mi mitad racional, mi mitad sentimental y yo, que siempre quedo en el medio jugando con las dos puntas, a ver con cuál de las dos me voy a quedar hoy…

Es lindo sentirse libre otra vez. Especialmente cuando eras vos misma tu carcelera.

miércoles, 3 de junio de 2009

La Ignorancia



"Su deseo; triste historia la de su deseo. No había conocido el placer del amor antes de encontrar a Martin. Luego había dado a luz, había pasado de Praga a Francia con una segunda hija en el vientre y, poco después, Martin murió. Pasó entonces largos y penosos años obligada a aceptar cualquier trabajo –empleada de hogar, acompañante de una rica parapléjica- y consideró un gran éxito poder dedicarse a traducir del ruso al francés (feliz de haber estudiado a fondo idiomas en Praga). Pasaron los años y, en carteles, paneles publicitarios, portadas de revistas en los quioscos, las mujeres se desnudaron, las parejas se besaron, los hombres se exhibieron en calzoncillos mientras, en medio de semejante orgía omnipresente, su cuerpo deambulaba por las calles, apartado, invisible".


Milan Kundera. La Ignorancia [traducido del original francés por Beatriz de Moura]