lunes, 25 de enero de 2010

Why don't you get a job?

La palabra "trabajo" es en mi casa casi un insulto. Al menos si sale de mi boca en una frase del tipo "estoy buscando trabajo" o algo similar. Mi mamá siempre tuvo la idea de que mientras ella pudiera bancarnos a mi hermana y a mí, no había necesidad de trabajar mientras estudiábamos. Fue así con mi hermana mientras estudió su primera carrera universitaria (Relaciones Públicas, la cual no le sirvió absolutamente de nada) y ha sido así por 4 años conmigo también. Yo no recuerdo si mi hermana se quejaba de este impedimento cuando ella estaba estudiando porque yo era muy chica, pero las pocas peleas que he tenido con mi madre en los últimos dos años han sido básicamente por este tema. Como es bastante obvio, hoy en día uno no se puede dar el lujo de simplemente cumplir 23 años sin tener experiencia laboral de ningún tipo por el simple hecho de que cuanto más tardes en trabajar menos chances vas a tener que conseguir empleo. Es una máxima muy simple que se hace cada vez más fuerte en el mundo en que vivimos. Yo quiero trabajar desde los 20 años, más o menos. Quiero esa independencia, quiero salir de casa, quiero crecer un poco más. Mi vieja me retuvo hasta el año pasado cuando me salió la oportunidad de trabajar en el congreso de la ONU, así que si tuve 3 trabajos de traducción antes que eso fue mucho. Y todos fueron ad honorem. Pero luego de septiembre cuando tuve mi participación en el congreso contra la desertificación, yo aproveché mi chance y me liberé. No sin discusiones del tipo "tenés que estudiar, no descuides la carrera, yo te puedo seguir manteniendo mientras la terminás, no te pongas a trabajar" y todas esas cosas que vengo escuchando hace rato. El tema es que me quedan 5 materias y un final. Y me recibo. Si me apuro, termino en un año y medio. Si voy tranquila, termino en dos. Así que básicamente el arreglo a partír de ahora es: yo no descuido la carrera y puedo hacer lo que quiera. Hice en noviembre, antes de irme a Pinamar, una exposición de películas de animación en el Sheraton que no me gustó nada (y que cobré mis honorarios recién hace una semana). El tema es que desde octubre yo empecé de a poquito a trabajar para mi entonces profesor de maquillaje. Hice dos trabajos solos, uno en octubre para un book privado y uno en noviembre para la revista Luz. Me salieron varios trabajos más de los cuales me enteré cuando volví de mis vacaciones, o sea, no los pude agarrar. Pero desde que llegué de Pinamar la verdad que me llovieron los trabajos, pagos y no pagos, y estoy súper feliz. Maquillar me hace bien, me pone contenta, me sorprende porque lo hago bien y no sabía que tenía este don, y me saca de casa. Y ahora, encima, veo que me puede dar de comer. Es genial, porque por primera vez me imagino haciendo de mi vida otra cosa que no sea traducir 18 horas al día en mi casa con un jogging y el gato en mi regazo. Y esto me hace mucho más feliz, al menos por ahora. Salgo, conozco mucha gente, me divierto, lo paso bien aunque el trabajo es duro (sé que piensan que no, pero lo es). Las jornadas son largas pero se pueden tornar divertidas con la gente correcta. En fin, estoy feliz!! Y si mi vieja no lo acepta, lo lamento en el alma. Pero yo sé que puedo hacer las dos cosas. Mi carrera la voy a terminar como sea. Aunque la tenga que terminar en 5 años, no me importa. Y si no la ejerzo tampoco me importa.

He dicho.

lunes, 11 de enero de 2010

Lo que me gustaría ser a mí...

... Si no fuera lo que soy.

Siempre que viene el tiempo fresco, o sea al medio del otonio, a mí me da la loca de pensar ideas de tipo eséntrico y esótico , como ser por egenplo que me gustaría venirme golondrina para agarrar y volar a los paíx adonde haiga calor, o de ser hormiga para meterme bien adentro de una cueva y comer los productos guardados en el verano o de ser una bívora como las del solójicO, que las tienen bien guardadas en una jaula de vidrio con la calefación para que no se queden duras de frío, que es lo que les pasa a los pobres seres humanos que no pueden comprarse ropa con lo cara questá, ni pueden calentarse por la falta del querosén, la falta del carbón, la falta de lenia, la falta de petrolio y tamién la falta de plata, porque cuando uno anda con biyuya ensima puede entrar a cualquier boliche y mandarse una buena grapa que hay que ver lo que calienta, aunque no conbiene abusar, porque del abuso entra el visio y del visio la dejeneradés tanto del cuerpo como de las taras moral de cada cual, y cuando se viene abajo por la pendiente fatal de la falta de buena condupta en todo sentido, ya nadie ni nadies lo salva de acabar en el más espantoso tacho de basura del desprastijio humano, y nunca le van a dar una mano para sacarlo de adentro del fango enmundo entre el cual se rebuelca, ni más ni meno que si fuera un cóndor que cuando joven supo correr y volar por la punta de las altas montanias, pero que al ser viejo cayó parabajo como bombardero en picada que le falia el motor moral. ¡Y ojalá que lo que estoy escribiendo le sirbalguno para que mire bien su comportamiento y que no searrepienta cuando es tarde y ya todo se haiga ido al corno por culpa suya!

César Bruto


Y estamos a 10 de enero y yo, en vez de boludear como acostumbro hacer todos los 10 de enero desde que he salido del vientre de mi madre, estoy estudiando como por cuarta vez el bendito capítulo de G. Brown sobre Negotiable Instruments. Dicho mal y pronto, me tiene las pelotas (que no tengo) llenas. Así que cuando no trabajo y no estudio, intento entretenerme con The Analyst, aunque le tengo demasiadas ganas a empezar de una vez Rayuela.