sábado, 27 de noviembre de 2010

Los recuerdos que van quedando...

Recuerdo lo fría que estaba la noche. Recuerdo la anticipación, los nervios, los desencuentros. Recuerdo cuando nos encontramos, recuerdo cómo me senté, recuerdo cómo él vacilaba qué hacer. Recuerdo como si lo tuviera filmado en la mente el momento en que él se alejó unos pasos, viró, me miró y volvió con toda la seguridad del mundo hasta mí, me tomó entre sus manos y me besó. Yo hablaba y me calló. El viento soplaba fuerte y se metía entre nuestros labios. No puedo olvidarme la anticipación, ese instante previo en el que si él no me besaba se iba a caer el mundo a pedazos a mi alrededor.
Nunca pensé que la anticipación podía ser tan significativa. Ese momento en el que sabés que va a pasar pero como no pasa, te exaspera. Siempre renegué de su lentitud para hacer las cosas, siempre me quejé del tiempo que me dejaba esperando sus besos, sus manos, sus caricias, sus palabras. Pero ahora, mirando hacia atrás, creo que esos momentos fueron tan mágicos por el ambiente de la anticipación, de la duda, del momento previo. Ahora a los besos les falta algo, les falta el gusto a saber que esa persona acaba de sellar con un beso un futuro juntos. No importa cuánto dure, no importa lo intenso de la relación, hay algo más que un beso ahí. Me pregunto si a todos los besos venideros les va a faltar ese gustito, y me entristezco.

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