sábado, 26 de febrero de 2011

La Inmortalidad

“Ser mortal es la experiencia humana más esencial y sin embargo el hombre nunca fue capaz de aceptarla, comprenderla y comportarse de acuerdo con ella. El hombre no sabe ser mortal. Y cuando muere ni siquiera sabe estar muerto”.

Milan Kundera, La Inmortalidad.

Traducción del checo de Fernando Valenzuela

En La Inmortalidad, Kundera desarrolla su idea acerca del deseo de inmortalidad del hombre, de vivir en algo que haga que todos lo recuerden. Pero yo creo que el ansia de inmortalidad va más allá del perecimiento físico. Creo que el quid de la cuestión reside en el olvido. Nadie quiere ser olvidado, ni luego de muerto, ni mucho menos antes. A nadie le gusta pensar que lo van a olvidar, ni en vida. A todos nos da pánico pensar o concebir la idea de que nuestro ser amado nos olvide, que aquel que fue nuestro fiel compañero y amigo de la infancia tenga problemas para recordar nuestro nombre ya de adultos. Sin embargo, todos olvidamos todo el tiempo. Son pocas las personas que se graban en nuestra memoria de forma tal que podemos decir dejaron una huella imborrable en nuestro pasado, en nuestra vida. Todos en algún punto olvidamos pero a nadie le gusta ser olvidado. El hombre por naturaleza quiere ser recordado por sus seres amados, por sus pares, por el mundo entero. No importa el grado de ambición de cada persona, todos queremos que al menos alguien no nos olvide. Le tememos tanto al olvido a veces… Al olvido en vida, a que esa persona que es importante para nosotros nos abandone y no nos recuerde en unos meses. Tememos no ser tan importantes para ellos como ellos lo son o lo fueron para nosotros. Pero ese tema merece una reflexión aparte. Hablamos de la inmortalidad, de recordar el primer amor, el número de teléfono de aquel novio de la adolescencia que nos enseñó a amar o las palabras exactas de aquel amor de invierno que desgraciadamente sólo duró un mes. Todos olvidamos, pero también todos recordamos con amor y melancolía a alguien que de algún modo nos marcó para siempre el rumbo. Sólo queda la esperanza de pensar que siempre viviremos en el recuerdo de alguien

26.02.11