domingo, 12 de junio de 2011

Raíces

Y a veces pasa. Te encontrás tan envuelto en la rutina, en el día a día, en correr para todos lados y llegar a ninguna parte. De a poco vas mutando, vas cambiando sin darte cuenta, los lugares que frecuentás, la gente a la que ves, la música que escuchás. Lo que te llama la atención en las personas. Lo que buscás, lo que compartís, lo que te guardás. Y de repente pasa algo que te trae recuerdos de tiempos que parecen más lejanos que el Renacimiento. Que tu renacimiento. Un disco, una persona, una situación, un lugar. O todas a la vez. En una semana. En un día. En un fin de semana. De repente, sin darte cuenta, tenés 17 años otra vez. Ese disco que te volaba la cabeza hace 7 años te sigue haciendo saltar y querer salir a romper todo. A pisar cabezas en un pogo. Y tu amor platónico te sigue haciendo llorar con esa canción que es tuya y de él. Y tu amor verdadero, ese amor que ardió en tu alma tanto tiempo y que te costó tanto superar, te regala canciones que verdaderamente son sólo tuyas y de él. Y aunque al otro día te quieras matar porque el cuerpo ya no es el que tenías hace 7 años y ya no se banca tanto el pogo como antes, sos feliz. No necesitás nada más. No necesitás ni siquiera gritarle al pelotudo ese que te hizo llorar tantas veces, que te boludeó por años y cree que sigue teniendo los hilos en sus manos. No necesitás putear más a los profesores que no dejan de cagarte en la facultad. No necesitás nada. Sos feliz.

Soy feliz. Gracias Cadena Perpetua por existir.

1 comentario:

Ale dijo...

Si te quejas del cuerpo a los 25... no quiero anticiparte nada, pero solo te digo que te vayas preparando para lo que viene!