jueves, 10 de noviembre de 2011

Toco tu boca...

"Toco tu boca, con un dedo todo el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera[...]"
Julio Cortázar. Rayuela. 1963

Había una parte que tenía totalmente olvidada, relegada, casi nada considerada. Que me daba miedo. Recordaba tu dulzura por las mañanas o los nervios de esa noche, pero nada más. Poco recordaba de la electricidad que recorre mi piel cuando respirás en mi nuca. Ni indicios quedaban ya del calor que arde bajo mis músculos cuando me besás el cuello, la clavícula, la pera, el hombro, cada pequeño hueso visible del esternón. No tenía idea ya de lo que me producía tu lengua entre mis labios, el jugueteo constante cual vals entre nuestras bocas sincronizadas como si hubieran nacido para besarse. El tacto de mis manos contra tus brazos es diferente, quizá tanto como mis ganas de arañarte o de morderte hasta dejarte marcas. Sí, marcas. Marcas de tres años de espera para demostrarte que sólo logré que crecieras lentamente en mí. Que lejos de arrancarte, de olvidarte, sólo logré momificarte y arrinconarte en un espacio poco (o muy) visitado hasta que volvieras. Y volviste. Y ahora los besos son distintos, más íntimos. Las caricias son cómplices, suaves y a la vez frenéticas. Quizá sea sólo yo la que cambió. Quizá mi cambio lleve a tu cambio. Quizá sólo había olvidado el perfume a jazmines de tu aliento o de tu piel, tal como había olvidado cuál era la palabra que me habías dicho dormido aquella vez en San Telmo justo antes de abrazarme y pegar mi cuerpo al tuyo. Anécdota que recordé completa como mágicamente cuando volvimos a hablar. Quizá todo esto lo había querido olvidar o tal vez era mi inexperiencia y tus nervios por no presionarme a más. De todos modos no busco la respuesta a ninguna de esas dudas. Me basta con respirar suavemente por encima de tu hombro, justo donde se une con el cuello, para sentir el automático acelere de mis latidos y el de tu respiración. Y de a poco vas generando más electricidad, más atracción como si nuestras contradicciones sólo pudieran unirnos más y más. Como imanes que no pueden separarse, como mis manos que no pueden despegarse de tu cintura o tu pecho o tu pelo. Como mi boca que quiere recorrer cada milímetro de piel que huela a vos, sólo para sentirte respirar aún más fuerte, y si tengo suerte, para escuchar ese quejido casi ahogado. Ese mismo que logra que mi cuerpo se acerque unos centímetros más al tuyo aunque dos segundos antes eso parecía imposible.

2 comentarios:

Desencantada dijo...

Ufff el parrafo final es terribleeeeee!! me senti muy identificada. Aunque no pasa con todo el mundo eso, esa quimica. Brrrr, escalofrios! xD

Ale dijo...

no se actualiza mas esto?